Vietnam, un paraíso algo enlatado. Pero paraíso al fin y al cabo - 2geeks1city Google+

Vietnam es un paraíso y nos ha encantado. Tras dos meses y medio en China tocaba cambiar, en parte porque nos echaban, en parte porque nos apetecía.China enamora, pero exige mucho trabajo y planificación y aquí los dos geeks estábamos ya con ganas de poder conectarnos a un Internet rápido sin tener que abrir la VPN.

Aquí va nuestra ruta, muy habitual, porque al menos para un primer contacto, preferimos tirar de rutas típicas e ir a lo seguro:

  • Sa Pa
  • Hanoi
  • Halong Bay
  • Hue
  • Hoi An
  • Nah Trang
  • Dalat
  • Ho Chi Minh

Básicamente, fuimos de norte a sur, para luego poder cruzar a Camboya. Como ya hemos contado, no vamos a dar demasiados consejos prácticos, que para eso hay muchos blogs, vamos a contar nuestras experiencias y vivencias, sensaciones e idas de olla.

En resumen, como anticipábamos en el título y primera línea: Vietnam es un paraíso. Tanto turismo hace que a veces pierda naturalidad y sean experiencias algo “enlatadas”, pero al mismo tiempo todo se vuelve mucho más fácil. Pudimos decir adiós a la necesidad de planificación, a las colas para conseguir billetes de tren, a que nadie nos entendiera y hola a una experiencia libre de fricciones. Reservar el bus desde la recepción una hora o dos antes de salir, sacar dinero en cualquier esquina e ir improvisando sobre la marcha son cosas muy fáciles en Vietnam (y prácticamente en cualquier país del sureste asiático), pero que en China costaba cierto trabajo y terminaba por drenar algo de energía.

Al mismo tiempo, esto tiene un problema: cuando hordas de ingleses y estudiantes visitan un sitio la gastronomía (quizá la primera víctima, no la única) se convierte en un batiburrillo de pizzas (malas), pasta (con nata, como lo que hacía cuando era estudiante), hamburguesas(mediocres) y algunos reductos de simplificada comida local (unas veces buena, otras no tanta). Las calles se llenan de neones, de tiendas de North Face (falsificados), de souvenirs que seguramente vienen de China, de mercadillos con cosas que te puedes encontrar en los 20 duros del barrio y de masajes, con o sin final feliz.

El turismo masivo trae al provinciano global (como lo llamaba Rafael Argullol en una, algo elitista, columna en el País que leí mientras estábamos viajando) o, como a mí me gustaba denominarlo, al turista neopaleto.Extraigo una cita de su columna para que se entienda de lo que hablo:

Los centros históricos de las urbes ya son casi todos idénticos, como idénticos son los resorts en los que se albergan los huéspedes de los cinco continentes. La diferencia ha sido aplastada, dando lugar al horizonte por el que se mueve con comodidad el provinciano global.

Pero, para que nos vamos a engañar, los provincianos globales no son personas malvadas: somos todos nosotros cuando una mañana nos despertamos con ganas de desayunar huevos Benedict o cenar una pizza con una cerveza.

En Kunming, la última ciudad en la que estuvimos en China, hicimos una de esas guirufadas: aunque la gastronomía china nos encantaba, para celebrar la Navidad fuimos a Salvador’s Coffee House: un sitio donde comer nachos, hamburguesas, pasta y quesadillas. No fuimos los únicos, porque el sitio estaba el primero en Tripadvisor.

¿Por qué un sitio que ofrece un popurrí de comida occidental de nivel medio aparece como la recomendación estrella de una ciudad del sur de China? ¿Por qué si es posible degustar un maravilloso caldero de verduras y carne la gente opta en su lugar por ir a comer lo que podría encontrar en casi cualquier ciudad occidental? En nuestro caso, hemos de decir, que tras dos meses de (mayoritariamente) comida local las hamburguesas que en Madrid nos habrían parecido mediocres nos sabían a gloria y que conseguir un poco de aceite de oliva le daba al día un color especial.

Y es ese sentimiento y esa búsqueda de lo conocido lo que, agregado en miles de turistas y viajeros, acaba por estropear algo la experiencia y el destino. Así que este post, que en gran parte es una crítica a los turistas neopaletos, es a su vez una crítica a nosotros mismos y a todos los que estéis leyendo esto: dejad de quejaros de que los sitios “no son auténticos”porque la culpa seguramente sea, al menos en parte, vuestra.

Cubriremos la primera parte del viaje (Sa Pa, Hanoi y Halong Bay), sitios maravillosos, pero pervertidos. Tamara tiene otro post con la parte sur.

Sa Pa, terrazas de arroz y el pueblo de la pasta y la pizza

Los paisajes de Sa Pa quitan el aliento. Una breve búsqueda en Google imágenes deja a cualquiera con la boca abierta. No es que sea un paisaje “único” (mismamente en el sur de China también hay sitios así, al igual que en otras partes del norte de Vietnam), pero sí resulta de lo más curioso si vienes de fuera.

Las condiciones meteorológicas no nos acompañaron (finales de diciembre, lluvia, niebla), pero pudimos disfrutar de un buen paseo por las montañas.

¿Alguien ha jugado a Silent Hill? Pues así nos sentíamos

El pueblo sin embargo refleja todos los problemas de los que hablábamos antes. Todos los sitios ofrecían la misma mezcla de comida: pasta, pizza, hamburguesas y unos cuantos platos locales. Seguramente si buscas mucho podrás encontrar otros sitios, pero caminando por la calle lo que hay es una explosión de neones, tiendas de trekking, masajes y restaurantes. Todo está hecho para el turista y eso hace que la experiencia se resienta.

Dicho esto, fuera prejuicios, la comida no estaba mal, aunque acabamos en una de las cenas comiendo una pizza “Casa Tarradellas”, en otras ocasiones disfrutamos de comida vietnamieta decente y de comida extranjera que no era un timo.

Babe maquinando su evasión.

Pero esa sensación de “Benidorm en las montañas” nos acompañó los dos días que estuvimos allí.

Hanoi, caos en nochevieja

Ese Hanoiiii

Como era nochevieja decidimos hacer un upgrade de esos que tanto nos gustan y coger un sitio “carete” (50 euros, tampoco os penséis que fuimos al Ritz) para pasar la fiesta. En pleno centro impera el caos y pudimos disfrutar de una masiva fiesta de nochevieja, con musicote al aire libre. Fue una buena forma de dar la bienvenida al año.

El centro es sucio, caótico e intenso. Siempre rodeados de motos, con ruido y gente, pudimos evadirnos de la paz (suena paradójico, ¿no?) que en cierto modo tuvimos en las montañas.

En la segunda parte de nuestra estancia en Hanoi nos mudamos a unapartahotel alejado del centro, donde el dueño y su hermana nos dieron la bienvenida con un Hot Pot casero y pudimos ver otra cara de la ciudad.

La experiencia ganó en autenticidad y disfrutamos de la comida callejera, de la amabilidad de la gente y el no vivir rodeados de guiris.

Qué bonito poder salir a la terraza a beber unas cerves y ver un capítulo de Ray Donovan. Cuando llevas meses “sin hogar” se agradece.

Halong Bay, la magia del paisaje con Titanic de fondo

Una pregunta rápida: ¿os apetecería que en un barco de madera en medio del mar os pusieran la banda sonora de una película pastelera de los 90 en la que un enorme barco se hunde? A nosotros tampoco (si alguno ha respondido que sí, que deje de leer).

Halong Bay es mágico, sin duda. Parece que navegas por otro mundo. Despertarse por la mañana en el barco y admirar el paisaje entre la neblina es una sensación difícil de describir. Recostarse en la terraza para leer un rato a Khaneman admirando el paisaje de cuando en cuando es increíble, pero ¿quién eligió la banda sonora? ¿Por qué nos llevaban todo el rato de un sitio para otro para hacer actividades? Fuimos víctimas de las“experiencias enlatadas”: diseñadas para hacer feliz al turista medio, pero que en realidad casi nadie disfruta.

La cueva que visitamos (creemos que era esta), que por cierto, nos recordaba mucho a las Cuevas del Águila, era muy bonita, pero había demasiada gente y demasiadas luces.

Y en parte es, claro, culpa nuestra, por no buscar con más calma el tour y caer en la “experiencia enlatada” de turno.

No obstante, que nadie se lleve a engaño: si hay que elegir entre ir en un tour de estos o no ir, es mejor ir. Y abstraerse de la situación, porque el paisaje es increíble.

Hay mejores fotos por ahí, pero esto es lo que salió

Cómo la fuerza nos acompañó en Hanoi

Aunque sea volver atrás, merece la pena su capítulo independiente. Ver Star Wars en una sala medio vacía en Hanoi fue especial.

Recuerdo cuándo he visto cada película de Star Wars por primera vez y es curioso ver cómo cambia la vida mientras se hacen (o remasterizan). La última vez que fui a ver Star Wars al cine fue con el Episodio III: estaba estudiando econometría en Ávila a punto de acabar la carrera y de ir a Madrid a trabajar (todavía no lo sabía, claro). Y ahora, unos 10 años después, veía la continuación de la saga a miles de kilómetros de distancia.

Para la ocasión fuimos a un centro comercial enorme (para estándares españoles al menos), donde tenían pista de hielo, parque acuático y todo lo que te puedas imaginar. La gente parecía feliz: no había rastro de “autenticidad”, pero entendimos que el buscar dicha autenticidad es injusto.

La mayor parte del mundo quiere centros comerciales, aire acondicionado y comida rápida. Es egoísta y algo elitista pretender que una parte del mundo se quede congelada en el tiempo. El mochilero muchas veces quiere viajar no a un lugar, si no a un tiempo pasado.

Es paradójico que lo que busque el mochilero sea precisamente algo de lo que el local, muchas veces, quiere huir: un pasado “natural” y más cercano a la tierra, de cantos folclóricos, y etnias con tradiciones milenarias, en lugar de un futuro neoprovinciano en el que todos vistamos de Zara y comamos en franquicias.

Y sí, estoy simplificando y hay miles de caminos intermedios, pero… Supongo que ser a ratos un provinciano global o un turista neopaleto está bien.

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