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Mongolia fue el primer país en nuestra ruta. Hoy hace 7 meses que aterrizamos en Ulanbataar, Ulán Bator o como queráis llamarlo: el paso del tiempo es inmisericorde, pero echando la vista atrás han pasado muchas cosas. Nada de quejas.

Revisando el blog nos dimos cuenta de que no habíamos escrito el ya clásico “lo que más nos ha gustado y más nos ha cansado de…” que hacemos al salir de cada país, así que nada como aprovechar este séptimo “mensuario” para hacerlo, con relato de introducción incluido.

Cómo llegamos a Mongolia

Tras unas 28 horas de vuelos y escalas, pasando una divertida mañana por Estambul y un par de horas en el aeropuerto de Bishkek (Kirguistán) nos bajamos con el temor de que nos deportaran por no tener ni visado ni billete de salida: habíamos leído que para españoles no era necesario, pero… Nunca se sabe.

Por suerte no pasó nada: el departamento de inmigración de Mongolia no parecía muy estricto. La espera fue breve, no éramos más de 50 personas las que llegamos en el avión y no parecía que hubiera muchos más vuelos programados (de hecho, me aventuraría a decir que era el vuelo del día)

El aeropuerto era pequeño, en cierto modo me recordó a la estación de autobuses de Ávila antes de que la cambiaran de sitio.

No hacía tanto frío como esperábamos. A la salida de cualquier aeropuerto buscas señales que te indiquen donde coger el bus o algún transporte, pero… Estábamos en Mongolia. Nada de eso. Una americana nos sugirió tomar un taxi, pero acabábamos de empezar y queríamos ir de mochileros. Con ciertas dificultades (que ya se encargó Tamara de contar) conseguimos coger un autobús y hacer un par de amigas eslovacas por el camino: el viaje había empezado.

¿Qué hicimos en Mongolia?

Nuestra ruta fue sencilla:

  • Unos cuantos días en Ulán Bator.
  •  Un tour por el Gobi de 6 días.
  • Un par de días más en Ulán Bator para coger el tren de salida (no sale todos los días).

Por poneros en contexto (más información sobre Mongolia en este enlace y en este post), estábamos en un país con 3 millones de habitantes, de los cuales casi la mitad vive en la capital y la otra mitad como nómadas. Es uno de los países con menor densidad de población del mundo: podíamos pasar horas y horas sin ver a nadie por el desierto.

Nuestra idea inicial era pasar 18 días, pero lo dejamos en 11: tras un tour de 6 días por Gobi (el sur) nuestras opciones eran ir al oeste (parecido, pero más duro por lo que nos dijeron nuestros compañeros de ruta) al este (que no sabíamos muy bien de qué iba) o al norte (que ya casi no iba nadie porque empezaba a hacer frío).

Con 11 días no es que podamos confiar mucho en nuestras primeras impresiones pero… Hemos visto opinar a mucha gente con menos información, así que no íbamos a ser menos.

Así que esto es lo que más nos ha gustado, lo que más nos ha cansado y lo que nos gustó pero terminó cansando:

Lo que más y menos de Mongolia

Lo que más nos ha cansado de Mongolia

La comida

Sin ser unos foodies exquisitos tenemos que reconocer que ambos le damos mucha importancia a lo que comemos mientras viajamos. Es una de las partidas que más nos está costando ajustar en el presupuesto: pero teniendo en cuenta que yo a veces recuerdo más los sitios por lo que como que por lo que veo, merece la pena. Así que aunque Tamara ya dio su visión, aquí va la mía.

La comida mongola no es horrible, pero sí muy poco destacable y escasamente variada, sobre todo si la comparamos con el resto de países que hemos visitado después.

Aquí debemos advertir que más de la mitad de los días que estuvimos en Mongolia fueron en el desierto de Gobi, donde dependíamos de las habilidades culinarias de nuestra guía. Muy maja era, pero se limitaba a arrojar lo que pillaba a una cazuela con agua, pariendo las mezclas más siniestras que se pueda uno imaginar: “sopa” de pasta que era más bien agua con cosas flotando, carne cocida con verduras sin un sofrito ni nada y bueno, en general se las apañaba para eliminar el sabor de los platos más sencillos y básicos. Hasta agradecimos cuando algún día añadió una salsa enlatada: al menos tenía sabor.

Los bares de carretera en los que parábamos tampoco se distinguían por la alta cocina. Básicamente había 3 platos, (muchas veces sólo los dos primeros):

  • Noodles fritos con carne y verduras.
  • Sopa de noodles con carne y verduras (igual que los de arriba, pero con agua).
  • Empanadas.

Nuestra combinación estrella era noodles fritos + empanadillas:  generalmente los platos eran ricos, pero día tras día, cansaban.

Los chicos que nos acompañaban en el tour nos comentaron que se habían encontrado los 3 mismos platos en su viaje por el oeste, aunque también nos dijeron que su guía cocinaba decentemente y eso había hecho todo bastante más aceptable.

El último día nos prepararon un asado, la carne estaba dura y no era muy sabrosa, pero subió la media. En Ulán Bator encontramos algún sitio más apañado cerca del Golden Gobi (un buen sitio a buen precio, todo sea dicho), pero comparado con todas las cosas que hemos podido comer en los últimos 6 meses Mongolia se queda claramente por detrás.

Insisto: no era mala, pero sí simplona y poco destacable. Pero bueno, peor se come en Inglaterra u Holanda y no pasa nada.

Las letrinas

Una vez más, Tamara ya reflexionó sobre esto. Tengo que decir que al principio me sentí un poco como “el hombre contra la naturaleza”. Me parecía emocionante recorrer el desierto para ir a plantar un glorioso pino matutino. Pero tras el tercer día cansa.

No hay mucho más que añadir.

El frío extremo

No lo sufrimos casi, en octubre el clima es muy llevadero. Pero en una de las noches en el Gobi sí pasamos bastante frío: cuando se apaga el fuego del ger y no te queda madera (bueno, eran cagarrutas de oveja, no madera propiamente dicha) lo mejor que puedes hacer es abrigarte mucho. La cara se queda helada y no puedes subir la calefacción. Nos han hablado de temperaturas de 30 y 40 bajo cero, cosa que no queremos imaginar…

Esto es un Ger Mongol, también conocido como "Yurta"

Esto es un Ger Mongol, también conocido como “Yurta”. No sé vosotros, pero yo no quiero pasar un duro invierno ahí metido.

Lo que más nos ha gustado pero nos ha terminado cansando

La vida nómada (sin digital)

El rollo de ser nómada digital es muy cool, por eso hasta hicimos un documental. Pero… Si le quitas la playa, el mojito y la WiFi ya no mola tanto.
No tener vecinos suena interesante, pero vivir completamente solo en kilómetros a la redonda y que jugar a los huesos jugar sea la principal atracción por la noche no parece la más ideal de las vidas.

Se me cae el alma a los pies al pensar que este chico ha crecido sin Mario Bros., Half Life o Zelda. Sin torrents ni emules. Sin botellones ni tiendas de cómics. Aunque bueno, en la Moraña se criaban así y tampoco pasaba nada.

Se me cae el alma a los pies al pensar que este chico ha crecido sin Mario Bros., Half Life o Zelda. Sin torrents ni emules. Sin botellones ni tiendas de cómics. Aunque bueno, en la Moraña se criaban así y tampoco pasaba nada.

Lo vacío que está todo

Tan acostumbrados estamos a la civilización que pasarnos días sin ver postes eléctricos, bajarnos en el coche en medio de la nada y no ver otros seres humanos en horas de trayecto nos parecía mágico y misterioso al principio.

Pero el encanto de “lo vacío” acaba cansando, más pronto que tarde. Había cosas muy chulas que ver (dunas, montañas) pero llegar a ellas suponía 8 horas de coche sin nada más que hacer… Y cuando llevas 3 días en ello pues… Aburre. Muy recomendable llevar libros: mis lecturas avanzaron mucho esos días.

El desierto de Gobi

El desierto de Gobi: parece que estás en otro mundo. Vacío, salvaje, solitario. Como la Moraña, pero a lo bestia.

El diseñador de Mongolia abusó del copy paste y no se mató poniendo detalles en el escenario. Si trabajara en Rockstar ya estaría despedido.

Lo que más nos ha gustado de Mongolia

El transiberiano – transmongoliano

El tren es un mito y simplemente montarse en él tiene su punto. Ningún recorrido de más de 20 horas en tren ha sido tan agradable. Estuvimos en un reservado con camas para cuatro personas, pero fuimos solos durante todo el trayecto. Pudimos escribir, pensar, ver series, pasear por los vagones (siempre me las apaño para recorrer el tren entero)… Merece la pena.

Los Khan

Mongolia fue el segundo imperio más grande del mundo y el más grande con “fronteras contiguas”. Visitarlo y que te cuenten algo de su historia tiene algo de grande. Ver Marco Polo después enriquece la experiencia. Y nos quedan unas cuantas películas por disfrutar…

Que alguien sea capaz de emprender y hacer cosas distintas

La gente que conocemos gracias a 2geeks1city nos da muchas alegrías. Pero en Mongolia esto fue especialmente cierto: no sé si porque fueron las primeras o porque admiramos mucho más a la gente que es capaz de emprender en condiciones tan adversas, pero lo cierto es que recordamos con mucho cariño a nuestros dos primeros entrevistados.

Y todavía nos da rabia habernos perdido de camino a un evento para Startups que tenía muy buena pinta…


 

Leyendo este post parece que no nos gustó nada Mongolia: no es así. Disfrutamos nuestra estancia, tiene cosas que no hemos podido encontrar en otros sitios y merece la pena pasar unos días por allí.

Pero es difícil leer lo que algunos publican como “aventuras alocadas en el Gobi” y no exclamar un “WTF!?” gigantesco: la mayor parte del tiempo estás metido en un coche viendo un paisaje vacío. Que insistimos, tiene un gran encanto los 2 primeros días. Luego ya es cuestionable.

También puede que sea un destino hecho para otro tipo de gente. Porque aunque estos geeks se alegran de haber visitado Mongolia, también se alegran de que no fuera el destino principal de unas vacaciones de 3 semanas.

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