Lo mejor y lo peor de viajar a Filipinas - 2geeks1city Google+

Viajar a Filipinas es algo que debería estar en la agenda de muchos.

Filipinas… Ese nombre que repetíamos tantas noches en los últimos meses.

¿Por qué? Porque era el último de la lista “oficial”, porque sabíamos que “el viaje acababa ahí” y que una vez llegáramos íbamos disfrutar, pero siempre con la mosca en la oreja y el recuerdo de “es el último destino”. En realidad, no lo era, pero casi.

Cuando en la primavera – verano de 2015 preparábamos la ruta elegimos acabar en Filipinas a pesar del riesgo de tifones y monzones porque nos parecía buena idea acabar en playas paradisíacas 11 meses de viaje. La otra opción era acabar en Mongolia, y bueno, creo que a pesar de algunas lluvias y malos días no nos salió nada mal.

Antes de seguir, una vez más, hicimos una ruta “a nuestra manera”. El Nido y Palawan quedaron fuera porque la probabilidad de monzones era mayor (si vais en julio-agosto a Filipinas es mejor centrarse en las Visayas, el centro).

Esta fue nuestra ruta:

  • Bohol. 11 días.
  • Boracay. 3 días.
  • Malapascua. 4 días.
  • Bantayan. 4 días.
  • Manila. 3 días.

Y entre medias alguna noche que pasamos por Cebú City y Maya (para coger el barco a Malapascua). En total unos 27 días que pasamos en la antigua colonia española.

¿Por qué nos quedamos tantos días en Bohol? Queríamos aprovechar para recargar pilas, adelantar trabajo en el blog, disminuir costes y no pensar demasiado. Bohol parecía una buena opción, no es una isla muy turística y tiene cosas interesantes.

En Filipinas además recibimos a nuestra querida Marta Chatunga, la única amiga española que se animó a visitarnos en el viaje. Y claro, queríamos estar al 100% para ver si podíamos seguir su ritmo.

Con Marta

Con Marta

Así que… ¿Qué es lo que más y menos nos ha gustado? ¿Y lo que nos gustó pero nos acabó cansando? Si estás pensando en viajar a Filipinas, deberías leerlo.

Lo mejor y lo peor de viajar a Filipinas

Lo que menos nos ha gustado de Filipinas

El amor por Duterte

Poco habíamos leído del “Donald Trump” filipino antes de llegar. Sabíamos que era algo “duro” y amado por el pueblo, pero no los niveles a los que llegaba ni la popularidad real. Una cosa es leer en The Economist que “es querido en su país” y otra es ver cómo todo el personal del hotel en el que estábamos paraba para ponerse a ver un discurso suyo, aplaudiendo casi cada palabra que decía. O como todo tuk-tuk / taxi tenía el coche plagado de pegatinas “Duterte for President”. Hasta llegamos a comprar un libro / manifiesto del amigo. Y a defenderle en una conversación de WhatsApp…

Los precios

¡Es que todo es demasiado barato! No, obviamente no nos vamos a quejar de eso. Nos pareció todo algo sobrepreciado. Desde los hoteles a los restaurantes, los precios, sin ser una locura, no es que ofrecieran la mejor relación / calidad precio del sureste asiático.

Picaresca española

No es nada alarmante, ni te intentan timar a cada paso. Pero sí es cierto que ocurre más que en otros países de la región. También es cierto que lo hacen con cierta gracia y la forma que tenían de timarnos nos hacía sentir como en España, por lo que casi metemos esto en el próximo apartado.

¿Queréis saber cómo se tenía que sentir un alemán rosadito en los 80 en la Costa Brava, cuando le querían cobrar 500 pesetas por una cerveza por la que los parroquianos pagaban 60? Id a Filipinas. En cuanto dices: “¿pero de qué vas? Esto vale X” se ríen y dicen “jaja, es verdad.” Y te dan el precio “adecuado” (suponemos que simplemente algo menos hinchado) y no pasa nada.

Es gracioso como te la intentan colar en barcos y transportes relativamente regulados. O como bajan los precios un tercio de golpe cuando dices que “no” un par de veces. Insistimos: no es una locura y aunque pagues de más no vas a morir. Y si sois españoles podréis reconocer la sonrisilla final del “a este no se la he colado del todo”.

Lo que más nos ha gustado pero nos ha terminado cansando

La comida

Al llegar y ver “lechón” (que puede ser cualquier bicho, es la forma de cocinar, no el lechón en sí), cortezas de cerdo, chorizos, longanizas y guisos que parecen sacados de la Castilla profunda en la que me crié uno se sonríe y piensa: “qué guay, estoy como en casa”. Al tercer día parece que la comida repite un poco y el “pudding de sangre” como que no llama la atención.

Un desayuno filipino

Un desayuno filipino

La filipina nos pareció una comida curiosa con unos cuantos aciertos, pero un poco basta y pesada. El toque español llama la atención, pero uno se da cuenta de lo pesada que es nuestra dieta tradicional al seguirla unos cuantos días. Por supuesto, la oferta occidental es amplia, así que no hay que quejarse. Y algunos de los mejores restaurantes del viaje los disfrutamos en Filipinas.

Tantos barcos y aviones

Y es lo que tienen las islas. Que para moverse no puedes hacerlo por tierra y dependes del mar y el aire. Le hemos cogido cierta manía a volar: habíamos planificado el viaje minimizando los aviones en la primera mitad (los 5 primeros meses cogimos unos pocos vuelos), pero desde que salimos de Myanmar cada vez teníamos más vuelos. Y eso cansa. Pero en fin, no es algo de lo que se pueda culpar al país.

La excesiva amabilidad

“Yes, sir”. “You are welcomeeee”. Así todo el rato. Venga, ¡que no somos colonizadores españoles!

Al principio nos gustaba sentirnos tan agasajados, pero reconocemos que somos más de trato casual y que tanto “sir” nos cansa un poco. Pero oye, es algo bonito de lo que quejarse.

Lo que más nos ha gustado

El buceo

Venga, último país, ¡había que sumergirse!

Hay que decir que sólo pude hacerlo en Bohol y fue muy buena experiencia. Pero es en Malapascua donde está la clave, donde puedes ver a los famosos Tiburones Zorro. Por desgracia, Tamara me contagió un catarro justo antes de llegar y no pude bucear (ejem, ejem, nada de hacerte sentir culpable, querida). Filipinas tiene fama de ser de los mejores países para bucear y creo que es merecida (desde mi escasa experiencia, claro).

La gente

Venga, que lo de que nos intentaran timar hay que reconocer que nos hacía gracia. Y que de vez en cuando, al decir que éramos españoles, nos recordaran el tema colonial, también. Los filipinos nos hicieron gracia, nos trataron bien y nos hicieron sentir como en casa por un mes.

El toque hispano

Se nota en algunas cosas del lenguaje (los mismos números, “guapo/a” y otras palabras), en la mencionada picaresca, en la comida (es raro eso de comer lechón en una isla paradisíaca) y en, como no, Intramuros (Manila).

Intramuros

Intramuros

Dejando de lado los debates histórico / políticos, es curioso ver influencia española en el sureste asiático. Todos sabemos eso de que en el (18)98 se perdieron las últimas colonias, entre ellas Filipinas, pero una cosa es leerla en un libro y otra ver un cartel de “Sr. Pedro” en medio de Bohol, o tumbas con nombres como “Cecilia”.

Y como bonus final, también está entre lo que más nos ha gustado tener a Marta Chatunga con nosotros unas semanas. Es curioso, casi un año sin vernos y parecía que nos habíamos visto la semana anterior. Su casi pelo rubio, su estatura y lo cortos que llevaba los pantalones nos abrieron muchas puertas en ese mes en Filipinas… Así que si vais a Filipinas, os recomendamos agendar un par de semanas de su tiempo 😉

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