Lo que más nos ha gustado y más nos ha cansado de Laos Google+

Este post está escrito a medias por Tamara Lucas e Iván Fanego. Iván se ha ocupado de los 3 puntos de “lo que más nos ha gustado”, Tamara Lucas de “lo que más nos ha cansado” y la intersección corre a cuenta de los dos.

Introducción

Normalmente tenemos los mismos gustos, cuando un país o ciudad le gusta a uno, le suele gustar al otro. No en el mismo grado, pero salvo excepciones sonadas y que Fanego suele ser menos amigo de las capitales europeas y ciudades como Nueva York, acabamos coincidiendo. Hasta en la obsesión de Tamara, Disney, hemos terminado por ponernos de acuerdo.

Pero Laos nos separó. Al llegar ambos criticamos sin ningún sentido el país, pero en el día uno Fanego, aunque con la boca pequeña, empezaba a decir que le gustaba. En menos de una semana Fanego era inmensamente feliz y Tamara estaba harta de tanto campo y gato suelto.

Por suerte, el azar (o “Manuela”) montó una expedición que parecía sacada de un anuncio de la Unión Europea (dos españolas, una italiana más madrileña que nosotros, una alemana y una francesa) y Fanego pudo hacer el cabra por la naturaleza.

Como pareja es bonito coincidir, pero a veces está bien llevarse la contraria. Ya se las apañará Fanego para volver a Laos con un acompañante más receptivo.

Lo que más nos ha cansado de Laos

La velocidad de Internet al nivel de China (o peor)

Ha sido todo un reto encontrar una conexión decente. Decidimos no comprar tarjeta de datos por eso de que no íbamos a estar un mes… ¡¡¡Craso error!!! Debíamos haberlo hecho. Las conexiones de hoteles, cafeterías y restaurantes varios eran malas, malísimas. Y esto, a estos dos geeks les acaba cansando. Aunque al principio piensen eso de “no nos vienen mal unos días de desconexión”, ¡mentira! Lo dicen con la boca pequeña.

Los gatos amorosos

Pero… ¿El gato no es ese animal que no se junta con los humanos y que si no te conoce pasa de ti? En Laos los gatos abundan… mucho. En todo hostal/guesthouse que se precie tienen uno o dos gatos y, ojo, si tienes “suerte” pueden tener hasta gatitos. La cosa es que no son gatos que pasen del extraño, que miren con recelo al turista/viajero que acaba de llegar. Son gatos que sin darte cuenta, se te suben encima y deciden acurrucarse entre tus piernas, que se re-frotan con tus botas de montaña y se duermen encima tuya. Ahora es cuando el lector piensa que esto debería estar en lo que nos ha gustado… pero quizás el lector no sepa que Tamara Lucas le tiene pánico a estos (y otros) animales.

No sé si reir o llorar

Las carreteras

El primer viaje que haces en bus de la frontera con Camboya a Dondet (4.ooo islas) piensas: bueno, será porque esta zona está menos desarrollada y por eso las carreteras se encuentran a medio hacer. Después, haces el camino a Pakse, en bus también, y piensas: bueno, será que la zona sur delpaís es más rural y las carreteras todavía no son una prioridad. Ese mismo día tomas el bus nocturno para ir a Vientiane y después de no poder dormir más de 2h seguidas por los incesantes baches… ya sabes que el próximo trayecto en bus lo harás de día y no será agradable. Y acertamos.

Lo que nos ha gustado de Laos pero nos ha terminado cansando

Lo rural que es todo

Laos es un país poco urbanizado y eso hace que entre directamente a ocupar el primer puesto en el grupo de cosas que nos han gustado y nos han cansado: aquí la pareja discrepa. Mientras que Iván Fanego se ha sentido cual “social media examiner versión hipster” (hay que ver la foto para entender el comentario) de cueva en cueva, en contacto con la naturalezay disfrutando de baños en lagunas y cascadas naturales, digamos que para la otra geek de la pareja… No ha sido tanta la diversión. Demasiada flora y sobre todo, demasiada fauna para ella.

No estar de acuerdo

Como solemos coincidir, al principio fue hasta refrescante el llevarnos la contraria. “Pues a mí me gusta, estoy entrando en contacto con la vida y la cadena natural.” decía Fanego. “Uf, qué ganas de llegar a Bangkok” resoplaba Tamara. Parecía gracioso, pero al final tener objetivos distintos estropea la experiencia. No sólo a uno, a los dos.

Sí, uno puede subir sólo a una cueva y la otra quedarse a leer en una cafetería, pero los dos pierden. La gracia de viajar en pareja es experimentar las cosas juntos, disfrutarlas (o quejarse) unidos. Esto es lo que hace que todo se disfrute más. Así que sí, que al principio nos hacía gracia, pero al final una quería salir cuanto antes de cada nuevo sitio al que llegábamos (excepto de Luang Prabang) y el otro quedarse unos días más…

Pero, como no es algo que nos pase casi nunca, bienvenida sea la disensión.

Lo que nos ha enamorado de Laos

La naturaleza, la paz, la calma

Sin que ninguno seamos precisamente fans de la naturaleza (ya en su día afirmamos sin despeinarnos que “la naturaleza era una mierda”) no sabemos qué pasó, pero Fanego cayó rendido a los encantos de Laos. Maravillosos paisajes montañosos, ríos, cuevas, aire puro… Todos los tópicos “naturales” de los que nos solemos reír acabaron por maravillar a una de las mitades geek.

El ambiente calmado, la tranquilidad que se respira en el aire y la simpatía de la gente hizo que al menos uno de los dos entrara en comunión con su yo ancestral.

Los gatos amorosos y la conexión con la tierra

Fanego tenía un gato de pequeño. Se llamaba Rocky (original desde niño que era el chaval) y juntos jugaban a las canicas y tonterías por el estilo. Hacía años que no acariciaba a un gato, y menos que se subían en su regazo y ronroneaban felices.

Por alguna extraña razón fue otro de los motivos que le sirvieron para “conectar con la tierra”.

Y parece que de conectar iba la cosa, porque se pasaba el día andando descalzo, mirando al infinito y diciendo que estaba conectando con muchas cosas (consigo mismo, con su infancia, con los gatos, con la tierra, con la vida,…)

Por suerte, la tontería se le pasó al llegar a Bangkok y enchufarse a la Play.

La comida

El primer Laap (el plato “nacional”) que probamos nos enamoró, pero el resto de comida no se quedaba atrás. En Laos se puede comer muy bien a precios decentes, desde comida local a los famosos bocadillos, con ese pan herencia francesa tan rico. Nos faltó ir a una clase de cocina, pero… Quizá haya una próxima vez.

Laap, el plato nacional

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