La naturaleza era una mierda, una reflexión desde Mongolia Google+

Hace algunos años llegué a un magnífico post de “La Pizarra de Yuri” gracias a Menéame. Su título: “El pasado era una mierda”. ¿Su tema? Una reflexión sobre cómo han mejorado las condiciones de vida a lo largo de la historia y cómo, a pesar del romanticismo con los que muchos juzgan tiempos remotos en los que la vida era mejor y más cómoda, en realidad el pasado era una mierda.

Grabando en vídeo la puesta de sol en el desierto de Gobi

Cada cierto tiempo lo releo o echo un ojo a los comentarios y cuando alguien me suelta eso de “antes se vivía mejor” se lo mando. No sirve de nada, pero me quedo más a gusto.

Así que tras unos cuantos días en Mongolia, 6 en el desierto de Gobi, ha llegado la hora de que haga mi propia variación del tema: la naturaleza (era) es una mierda.

Suena muy políticamente incorrecto pero es (mayormente) verdad.

¿Por qué? Por 3 motivos:

Porque es una trampa mortal, llena de sufrimiento y de dolor

La naturaleza, como alguien dijo, es una trampa mortal. Pensemos en unbosque. Todo el mundo se imagina una idílica estampa, pajaritos cantando, conejitos saltando, hormigas diligentemente trabajando y personas caminando con una sonrisa.

Esto es lo que la gente se imagina al pensar en la naturaleza

¿Y sabéis qué?

Bullshit.

Los pájaros están buscando insectos que matar y comer, los conejitos vivenestresados y aterrados, no sea que aparezca un lobo o un zorro y se los coma, las hormigas viven explotadas por una reina que las hace trabajar hasta la extenuación y… Las personas que caminan felices y sonrientes son unas ilusas si creen que están de verdad en la naturaleza: van con botas de marca y una mochila con todo lo necesario, incluyendo agua mineral y bocata de lomo.

Todos estos avances, totalmente alejados de la naturaleza, son los que hacen soportable vivir cerca de ella.

Porque la naturaleza es sucia

Resulta fácil visualizar la polución de la gran ciudad y contraponerla a la limpieza prístina del campo. Coches, humo, suciedad, charcos… Frente a un campo verde, unas ovejas blanquitas y un granjero impoluto.

¿Adivináis qué?

Bullshit.

El que no me crea, que pruebe a cagar en una letrina. O no ducharse en 6 días.

Porque vivir pegado a la naturaleza es un tostón

Igualmente, es muy guay pensar que nuestros ancestros se divertían mucho en el campo. Frente al agobio de la dura vida en la gran ciudad, el estrés de coger el metro y el vacío existencial que provoca llegar a un apartamento con Internet, televisión y todas las comodidades del mundo, la imagen de una familia feliz reunida alrededor del fuego hablando de lo divertido que fue ordeñar vacas por la mañana se nos aparece como algo envidiable. ¡Ja!

Bullshit.

Si no tienes electricidad, a las 7 o como mucho las 8 de la tarde, se acaba la diversión. Dependes de unas velas para jugar a las cartas (invento de la civilización) o a los huesos (que son divertidos, pero si juegas todas las noches quizá dejen de serlo).

Jugando a huesos en el desierto de Gobi. Perdí.

Los avances de la modernidad nos permiten algo maravilloso: ignorar a nuestros seres queridos para sumergirnos en mundos de ficción, ver el fútbol o chatear hasta las 3 de la mañana.

Si dimos la espalda a la naturaleza y construimos monstruosas y enormes y malvadas ciudades es porque… Vivir en la naturaleza era una mierda.

Y sin embargo… Mi experiencia mongola en el desierto de Gobi ha sido enriquecedora

Aunque mayormente piense todo lo que he dicho antes, he disfrutado de mis 6 días por Gobi. Este vídeo da muestra de ello (no sólo de Gobi, también de Ulaan Baatar):

Con todo lo temblorosas que son mis manos para grabar el vídeo estoy casi contento con el resultado. No es bueno, pero por algo se empieza

Sentirse de vez en cuando en lo más alejado del mundo, en los confines de la tierra, sin postes de electricidad, wifi, agua corriente o… Bueno, cualquier otra cosa, resulta curioso. 7 horas por caminos en coche hacia ninguna parte para llegar y estar… En ninguna parte… Tiene algo especial.

Y muchas otras cosas, como:

Coronar una duna de casi 300 metros para disfrutar de un paisaje que en las fotos no se puede apreciar (subí sólo con el móvil y la profundidad se pierde, snif)

Lavarse como los gatos a la intemperie con un poco de agua y toallitas de bebé para quitarse el olor a chotuno

Saltar a lo Mario Bros. (pero mal) por unas montañas.

Recorrer unos antiguos templos budistas de los que sólo quedan los cimientos.

Salir al “baño” por la noche con la linterna del móvil y ver un montón de ojos brillar en la oscuridad (espero que fueran cabras y no lobos).

Y, sobre todo, mirar al cielo por la noche y ver las estrellas. Que suena ñoño, pero es bonito.

Alejarse de la naturaleza pudo ser una sabia decisión, pero a veces está bien acercarse de nuevo a ella para recordar de dónde venimos y (al menos en mi caso)… Lo mal que se nos daría sobrevivir en ella.

P.d.: Como Tamara Lucas, he escrito esto en el transiberiano camino a Pekín. Que no viene a cuento decirlo ahora, pero le da un punto más emocionante a todo. Su reflexión está en este enlace.

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