Estamos a punto de dejar China: esto es lo que más nos ha gustado… Y lo que más nos ha cansado - 2geeks1city Google+

Llegamos a China hace ya más de dos meses: el 17 de octubre cogimos el transiberiano (quizá el mejor viaje en tren de toda mi vida) y aparecimos por Beijing el 18. El próximo 28 de diciembre (mañana) cogeremos un tren a la frontera de Vietnam, cerrando así 2 meses y 10 días por tierras chinas (incluyendo Taiwan, Hong Kong y Macao, que no son exactamente “China”, por lo que Tamara Lucas ha preparado un post específico para estos “territorios” especiales).

Más de 2 meses bastante intensos, en los que hemos ido a muchos sitios, y también, en los que hemos leído y hablado con mucha gente (más al principio que ahora, todo hay que decirlo) para ser capaces de entender algo de este enorme país.

A China se le quedan cortos los tópicos: sobrecogedor, vibrante, país de contrastes… Todas esos adjetivos que tanto usan en la Lonely Planet parecen hechos a medida para el país.

Calles atestadas de gente que va a toda prisa, bicicletas que cargan con toneladas de cartón circulando al lado de coches de lujo, ejecutivos trajeados escupiendo por la calle, estatuas de líderes comunistas al lado de centros financieros que dejan pequeños al de Nueva York o Londres, jóvenes que se cortan las uñas en el bus, ancianos que te sonríen mirando maravillados tu barba, niños que quieren practicar inglés, adultos que no saben decir nada pero te quieren ayudar a toda costa, otros que saben (o no) inglés pero pasan de ti… Cada día puedes vivir tres o cuatro situaciones que te devuelven la esperanza en el ser humano o hacen que tu fe baje unos puntos.

Muchas de las cosas que contamos por aquí las hemos aprendido de personas que nos acogieron en sus casas, nos sacaron a cenar o quedaron con nosotros para un vídeo de 2geeks1city.

Personalmente una de las cosas que más he disfrutado ha sido las charlas que tuvimos con gente tan dispar, con sus puntos de vista pudimos construir una realidad que abarcaba infinitamente más de lo que podríamos haber conseguido por nuestra cuenta.

Así que va por Isa (la novia o mujer de mi querido compañero José Luis Rodríguez), Pablo (qué gran couchsurfer y qué gente tan curiosa nos presentó), Asier (no tiene presencia online, pero Gis, ¡pásale esto al mejor anfitrión de la historia!), Yi (nuestro “padre chino” en Pekín, gracias a Airbnb), Tere Marín (descubrir que conocía a mi primo mientras cenábamos no tuvo precio) y todos los entrevistados de 2geeks1city en China (Celine, Luis, Todd, Óscar,…): sin vosotros todo habría sido más gris, menos vivo y menos “real” 😉

Antes de seguir, una pequeña advertencia: ya hay miles de posts y guías de China, y además, no hemos hecho la ruta más ortodoxa, ni somos“bloggers de viajes”, así que esto es más que nada una crónica personal y de sensaciones.

Lo que nos ha enamorado y cansado de China

Como en todo en esta vida hay áreas grises: hay cosas que aunque nos han gustado, nos han acabado cansando. Pero también hay cosas que nos han encantado. Y claro, algunas que… Resultan cansinas.

Sería algo así:

Esto lo ponemos así porque normalmente los viajeros-pro-trotamundos-tipo-lonely-planet-minube siempre están escribiendo tonterías (¡con todos mis respetos!) y todo parece “local”, “organic” y “vivid”. Cansados de leer esas tontunas hemos intentado ser más realistas y sacar lo bueno (que es muchísimo), pero también lo no tan bueno. Al final, todo son perspectivas y opiniones, y seguramente algunas de las cosas que a nosotros nos parecen buenas a otros… No les parezcan tanto.

Así que vamos allá, empezamos por el área gris, que puede llevar a ciertos malentendidos.

Lo que nos ha enamorado… Y cansado un poco

La gente

La gente es lo que realmente define a un país. Como nos decía una de las personas que conocimos en el trayecto: hay muy pocos sitios únicos en el mundo, lo único que hace especial a un país es su gente. En cuanto nos dijo eso nos quitamos un gran peso de encima: no teníamos que ver cada templo o ítem del checklist (porque toda ciudad tiene su checklist y… Es agotador seguirlos todos). Pero nos dimos cuenta de que tendríamos que hacer más por conocer a la gente.

¿Por qué nos han enamorado, pero nos hemos terminado cansando?

Hay demasiada gente para nuestros estándares. Así en general. Y sí, encuentras ciertos remansos de paz y tranquilidad, pero puede llegar a ser agobiante en ciertos momentos. Aunque eso también mola, porque transmite energía, da sensación de “vitalidad” y es divertido, llega un momento que te apetece vivir con más calma.

Pero claro, todo esto es cuestión de acostumbrarse y creo que cuando volvamos a España tendré la sensación de que todo está demasiado vacío…

Había oído miles de veces eso de “los chinos son unos guarros” y “son muy sucios y ruidosos”. No me ha parecido para tanto. Sí, hay escupitajos (como contaremos más adelante), hay gente que se afeita o se corta las uñas donde pilla, las calles están algo sucias (no todas, claro)… Pero en serio, que creo que a veces se juzga con más dureza a otros países que al nuestro (España, para los que no me conozcan), donde nos encanta tirar las servilletas al suelo.

La barrera lingüística nos ha impedido hablar con muchos chinos, pero con los que hemos hablado (en inglés) han sido amables, se han interesado por nosotros y nos han ayudado en todo lo posible. Mucha gente nos había dicho que eran bordes, tampoco me lo ha parecido. Sí, algo secos y muy “concentrados” en lo suyo: la mayor parte del tiempo o parecíamos invisibles (en ciudades grandes, acostumbrados a extranjeros) o despertábamos curiosidad (en sitios más pequeños). Sin más.

Pero para nada hemos tenido nunca la sensación que puedes tener en otros países de “ser un billetero andante” (normal por otra parte, la mayoría tenían más dinero que nosotros), ni nos han tratado mal.

Así que si ponemos a “la gente” en el apartado de “sí, nos mola, pero nos cansa” es más que nada por falta de costumbre a tanta gente y porque cansa el no poder comunicarse para nada (poco inglés se habla).

Lo enorme que es todo

Todo el mundo sabe lo grande que es China, pero aun así, a nosotros nos sorprendió. En nuestro caso, llegar de Ulán Bator a Pekín fue un contraste que nos impresionó, pero Pekín es salvaje lo mires por donde lo mires. Tardamos días en hacernos a las distancias. Shanghai es enorme, pero “más asequible” y manejable. Pero cuando recorres medio país (bueno, un cuarto quizá) en tren no dejas de ver “pueblos” enormes (más grandes que muchas ciudades europeas) y cuando te plantas en ciudades más “modestas”, como Shenzhen o Kunming y te das cuenta que son 4 ó 5 veces más grandes que Madrid (o que la mayor parte de capitales europeas) te sientes muy pequeñín.

Y, claro es bueno, porque impresiona y deja con la boca abierta, pero también cansa un poco el tardar tanto en llegar a los sitios.

Los trenes de 30 horas

Hemos cogido 3 trenes de más de 20 horas (sin contar el Transiberiano) y un par de ellos rápidos. Los rápidos son… Bueno, como cualquier tren rápido (pero más modernos). Los otros son trenes antiguos (no muy viejunos y con vagones cama).

Las distancias son enormes, y nuestro récord fue el Shenzhen-Kunming, de casi 30 horas. Viajar en cama hace que no sea tan incómodo (aunque sean duras como ellas solas), sobre todo si consigues sitio en las dos de abajo, pero están llenos (no sobra ni un sitio), huele a noodles y no es el entorno más higiénico del mundo.

No es que sea el primer tren-cama largo que cogemos, pero sí han sido las primeras veces que superamos las 15 horas y hay momentos que se hace algo pesado. Mola, no obstante, ver el paisaje, leer tranquilamente, acabarse el Super Mario 3d Land o ver las reacciones de los niños al ver a dos guiris.

Lo que nos ha cansado

Internet

Aunque haya más puntos en este apartado, este es el peor. Con diferencia. Ya no sólo por el famoso “great firewall” (que al fin y al cabo teníamos VPN), lo peor es la velocidad, las desconexiones y… Bueno, los que vivierais Internet en los 90 os podéis hacer una idea. Suena a “problema del primer mundo”, pero leches, que somos geek y no nos gusta tardar una hora en leer el correo o 17 horas en subir un vídeo a Youtube… Dicho esto, hay sitios mejores y peores, pero es muy fácil acabar con malas conexiones. Y se sufre.

Escupitajos

Esto va aquí más por Tamara Lucas que por mí, ya que yo debo confesar quele he cogido cierto gusto a poder escupir por la calle sin que me miren mal. Dicho esto, como comentaba antes: no está tan mal ni es para tanto, pero a mucha gente le molesta. Bueno, mientras escribo escucho a alguien escupir cerca de la puerta de la habitación… Pero es una casualidad.

Temer por tu vida cada vez que cruzas

Motos, coches, personas… Los cruces son un caos y los semáforos no es que estén de adorno, pero casi. Que esté en verde no evitará que un coche pase y te pite si le molestas. También verás motos cruzar en dirección contraria a la vez, eléctricas y silenciosas motos que pasan como locas por tu lado…

En fin, que esto es algo común a muchos países y China no es el peor. Pero genera cierto estrés el ir por la acera y que empiecen a pitarte las motos, tener que estar realmente atento al cruzar y cosas así. Eso sí, cuando lo ves desde dentro de un coche es mucho más divertido.

Lo que nos ha enamorado de China

La comida

Tras la pobremente elaborada comida mongola (que a pesar de eso, tenía algunas cosillas interesantes) llegar a China fue un estallido de sabores y variedad. La comida es importante en China y se nota. Gastronomías muy variadas en función de la zona, precios populares (más caros que lo que eran hace un par de años, por lo que hemos podido leer y calcular, pero razonables) y calidad elevada (con sus excepciones, claro).

Tamara ya hizo un post entero sobre el tema, pero no podía dejarlo pasar:comer en China mola. El riesgo es acabar pidiendo picante sin querer (sobre todo en el sur), pero merece la pena.

Paisajes, monumentos, atracciones…

Las turistadas de rigor tienen otra dimensión. La Ciudad Imperial necesita horas, el Palacio de Verano otras tantas, la Gran Muralla es demasiado grande… Y luego están horteradas curiosas como “Window of the World”, tan absurdas que merece la pena ver.

La naturaleza china no la hemos podido disfrutar todo lo que queríamos (llegamos tarda al sur y necesitábamos un descanso después de pasar por Hong Kong), pero lo poco que hemos visto tiene una pintaza espectacular.

La sensación de aquí está pasando algo gordo

Leer cifras e informes ayuda, saber que China ha sacado cientos de millones de personas de la pobreza en las últimas décadas impresiona, pero hablar con la gente y sentir su energía es lo que de verdad transmite esa sensación. El orgullo chino impresiona, y no me extraña.

Todo ha ido rápido en China en los últimos años, en los que han pasado de ser un país pobre a una superpotencia emergente: según cómo se mida,China es la economía más grande del mundo (o la segunda). Se tiende mucho a comparar China con India y es ridículo: India se ha quedado muy atrás comparado con China (económicamente hablando). Puede que China todavía tenga un tercio de la renta per capita española y que sea más desigual que Estados Unidos, pero negar (o minimizar) el mérito de lo que han hecho es absurdo.

Es innegable que por el camino hay muchas cosas negativas, pero no ver la parte positiva denota una ceguera enorme.

Los chinos están en “su momento” y hay que ver hasta dónde van a llegar. Merece la pena pasar por aquí en un momento como este.

Veredicto final

Soy poco parcial con China porque me ha gustado mucho. Y como recibe tantas críticas no puedo evitar ponerme de su parte y ver el lado bueno de casi todo. No es el país más fácil del mundo para viajar, pero tiene tantas cosas que ver y de las que aprender que… Hay que pasarse un tiempo por aquí.

China es un país tremendo, duro en algunas cosas, fascinante en otras.

Aunque me apetece ir a Vietnam me da cierta pena dejar esto. Tengo bastante claro que volveré (Shanghai se merece una visita con la billetera llena, no es una ciudad que se disfrute bien de mochilero y por necesidades del guión no pudimos ver casi nada del sur del país), pero en el momento de cerrar este post no puedo evitar sentir cierta “prenostalgia” (palabra inventada, viene a ser cuando anticipas la pena que te da dejar un sitio o una persona).

Pero en fin, el viaje sigue y así es la vida.

Nos vemos, China.

+ Posts