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Desmontando los mitos mochileros

Como ya contamos, Laos es un país que nos “dividió” un poco: a mí me gustó, a Tamara no tanto.

Pero por muy bien que me lo pasara no pude evitar tener la sensación de que Laos es, en el fondo, un resort para mochileros.

Los famosos mochileros, los mismos que se pasan el día explicando cómo el turismo masivo conduce a la pérdida de identidad de los destinos y que el turismo familiar es una lacra, acaban haciendo lo mismo, pero de otra forma, en cuanto les dan la oportunidad.

Antes de empezar, una serie de aclaraciones:

  • Me lo pasé muy bien en Laos.
  • Por mucho que los mochileros (es feo generalizar, pero si no lo hacemos de vez en cuando no es divertido) vayan en masa a un destino no se lo cargan tanto como los “turistas normales”
  • Pero tampoco pueden irse de rositas, así que vamos a darles un poco de caña.

Y… ¿A qué viene este post? Por el camino nos encontramos mochileros y hablamos con ellos. De nuestra vida “anterior” también conocemos unos cuantos: son de esos que te dicen que “Tailandia no es auténtica porque está llena de turistas” y cosas así. No digo que no tengan razón, pero tras los dos primeros días en las 4.000 islas de Laos (todo un paraíso para lo que comúnmente se conoce como “perroflautas”) algo quedó claro:

Los mochileros que tanto se quejan del “turista normal” hacen exactamente lo mismo: en los bares que frecuentan hay comida occidental, todo tiene el mismo diseño hipsterista-tardío, la música es anglosajona (los 70–80 están sobre-representados) y la presencia de los locales se limita al servicio.

El turismo o viaje sin impacto no existe. Son los padres. Pero la cultura mochilera imperante (sí, existe una cultura mochilera, se retroalimenta a sí misma y repite las mismas tonterías una y otra vez) se empeña en que son los “turistas” y no los viajeros guays como ellos los que destrozan los sitios.

Cierto es que los mochileros lo destrozan de otra forma, es más guay y como a ellos les gusta más, parece que no pasa nada. Personalmente prefiero su forma de “destrozar” las cosas: es más fácil encontrar comida local y aunque los sitios son clones unos de otros el resultado no es tan esperpéntico como cuando llega el turista neopaleto.

Nuestro bungalow en Vang Vieng. Muy mono.

Y es que a los mochileros les gusta presentar el mundo como si de una batalla entre el bien y el mal se tratara:

  • Por un lado, el buen mochilero perroflauta, respetuoso con la cultura del país, deseoso por aprender e integrarse con los locales, que dejó la Lonely Planet porque ahora es de pijos rancios y se pasa el día mirando WikiTravel y leyendo foros oscuros.
  • En la otra esquina del ring existencial el turista neopaleto, presentado de la forma más patética posible. Si es en la playa llevará manguitos y estará quemado. En la montaña irá con unos porteadores que le llevan las cosas. En la ciudad, no saldrá de McDonalds. Él y sus familias de 3 hijos malcriados recorren los sitios auténticos y cuando se van… Quedan sitios sin personalidad y europeizados (el peor de sus crímenes) a su paso.

Pero de lo que no se dan cuenta los mochileros es de que tienen los mismos vicios y pecan de la misma prepotencia cultural que los turistas “normales”. Su obsesión por “conocer locales” (meet the locals, como pone en las guías) les lleva a tratar a la gente como si fueran animalillos de zoológico y sus manías alimentarias provocan (casi) tanto daño como la obsesión por encontrar un McDonalds.

Así que vamos a desarrollar un poco sus vicios más significativos:

Los mochileros son unos pesados con la comida

La mayoría tiene una obsesión con la carne. Es el demonio y hay que evitarla. Son vegetarianos y sostenibles. No es que tenga nada en contra de los vegetarianos, pero: ¿es necesario que se pongan tan pesados?

Contrasta mucho esa teórica obsesión con “respetar la cultura y gastronomía local” con un vegetarianismo que a los habitantes de muchos países les parece una tontuna de pijos europeos. Cenar en un ger en Mongolia y tratar de ser vegetariano es complicado y una molestia para esa cultura local que tanto quieren respetar.

Por supuesto, que cada uno debe comer lo que quiera. Pero daos cuenta de que una vez que hordas de mochileros pasan por un sitio los restaurantes vegetarianos acaban creciendo como setas y… Eso no existía antes de vuestra visita.

Y luego se creen con la potestad de dar consejos. Una pareja muy maja que conocimos en Laos nos contaba cómo el típico “mochilero de verdad” les increpó por cenar en un restaurante indio en Camboya: “para ir a un indio me voy a la India” les dijo.

¿Es que cada vez que quieres comer una hamburguesa te vas a Nueva York, idiota? No sé, pero en Madrid veo a muchos “locales” comiendo hamburguesas… Los españoles no estamos todo el día comiendo tortilla.

La obsesión por “conocer locales” como si fueran animales de zoológico

Una vez leí una guía de Madrid en inglés. Me parecía gracioso ver qué comentaban. Cuando leí cosas del “Meet the locals” de turno me resultaron incómodas.

Los españoles / madrileños (abulense-madrileño en mi caso) parecíamos monos de feria: puedes ir a verlos en su salsa en los bares, gritando y riendo de forma animada mientras tiran servilletas al suelo y beben cerveza. ¿En serio? ¿Para eso quedamos? Malditos chovinistas petardos.

Luego me di cuenta de que yo mismo hacía algo parecido cuando me quería mimetizar con el ambiente en un pueblecito rural de China. Los “locales” son personas, imbéciles.

Cochambre con encanto

El odio al progreso y el desarrollo

Si algo hay que agradecer a los mochileros es que señalan lugares a los que al final acaba llegando el turismo masivo. A medida que hay más gente, los “locales” (con suerte, que no siempre) se enriquecen. Y el tipo que tenía un local que se caía a cachos acaba montando un chiringuito “normal”. Cuando esto ocurre en muchas partes acabas con… Un montón de sitios “iguales”. Es cruel, pero es el desarrollo económico. La gente debe tener derecho a ganarse la vida y mejorar.

Pero parece que muchos confunden la autenticidad con la pobreza.

Como decíamos en esta reflexión sobre el turismo enlatado sobre Vietnam:

El mochilero muchas veces quiere viajar no a un lugar, si no a un tiempo pasado

Hay que empezar a separar el desarrollo de la autenticidad, algo que muchos no quieren ver. ¿Es Francia un sitio falso? ¿Madrid una cosa poco auténtica?

Debemos alegrarnos porque, por poner el ejemplo más típico, Tailandia esté como está, aunque ahora a muchos les parezca todo menos auténtico, los tailandeses que pueblan los centros comerciales son felices.

La obsesión con molestar a los niños

A muchos mochileros parece que les divierte hacer cosas que criticarían si, por ejemplo, un americano las hiciera en su país. El ejemplo más flagrante es la manía que tienen de molestar a los pobres niños: es pasar por un colegio y el mochilero de turno se pone a saludar niños y a hacerse fotos con ellos, como si fueran, una vez más, monos de feria. Probablemente ese mismo mochilero mirará molesto a cualquier niño con el que se cruce por Malasaña (aunque todos sabemos que en Malasaña no hay niños).

Y aún más, ¿nos imaginamos qué pasaría si un vietnamita se paseara por un colegio de Chamberí para “hacerse fotos con los niños”? ¿Cuánto tardaría la policía en detenerle o los vecinos en apalearle?

La manía de no gastar NADA

Somos los primeros en ir con el presupuesto apretado, pero… ¿de verdad es tan malo gastarse algo en el país de destino? ¿Por qué los posts con más éxito son los de “viajar sin dinero” y temas por el estilo? ¿Cómo tratamos a la gente que va a España / Europa sin nada de dinero, que no gasta nada y vive de la caridad de los locales? Que vale, no somos Alemania, pero seguimos siendo primer mundo.

Está bien estirar el presupuesto, no hay que ser un manirroto y somos los primeros en negociar los precios de (casi) todo. Pero contrasta la facilidad con que, los mismos que condenan a Amancio Ortega por pagar sueldos de menos de 200 euros en sus fábricas de Camboya, ratean hasta el último céntimo con el Tuk Tuk en Siem Reap. En serio, que el tío del Tuk Tuk tiene que pagar la gasolina, el carricoche y las 4 horas que esté con vosotros por la mañana no podrá trabajar en nada más (se llama “coste de oportunidad”). Si le pagáis 3 euros por una mañana completa luego no critiquéis a ciertos empresarios.

Aunque hay cosas que pueden explicar su punto de vista

No todo iba a ser malo. Todos tenemos un pequeño mochilero dentro de nosotros. Ya por edad y comportamiento yo soy un flashpacker (que es como un mochilero maduro y que gasta más), pero entiendo a los mochileros.

A todos nos molan las experiencias “únicas” y aventureras. Gracias a Asier Albistur pude ver imágenes como esta, que reflejan el “overpromise” al que nos enfrentamos al viajar:

En el artículo original viene una vientena de ejemplos de lo que podemos esperar y con lo que nos encontramos.

Es normal: vivimos en un mundo de vuelos baratos y, a pesar de crisis económicas, con una clase media enorme si la comparamos con, sin irnos muy lejos, la que había en el siglo XIX o incluso el XX (que esto pueda o no cambiar es un debate en el que no me voy a meter ahora).

Todos los sitios “top” del mundo van a estar llenos de gente. Y seguirán así por mucho tiempo, a no ser que las cosas se pongan peor, mucho peor. Así que deberíamos alegrarnos de que “esté todo lleno de turistas de mierda”.

A mí también me habría gustado recorrer Angkor en solitario, pero llego 15 años tarde (quizá más).

A pesar de todo, siempre quedarán playas perdidas en Camboya, en Tailandia o en España, pueblos abandonados y ciudades “auténticas” en las que sumergirse. Es cosa de buscarlas.

O no, depende del día.

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